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Los 27 se reúnen en Bruselas para «castigar la economía rusa, cortar su crecimiento y el acceso a los mercados de capitales, disparar su inflación y erosionar su base industrial»

La Unión Europea ha puesto en marcha este jueves el mayor paquete de sanciones de toda su historia, una batería de medidas que buscan «cercenar el crecimiento ruso», castigar su economía, «disparar la inflación, limitar su acceso a los mercados de capitales, erosionar su industria» y hacer sentir a los responsables directos de la invasión a Ucrania «las consecuencias de sus actos». En la madrugada del miércoles, Vladimir Putin dio luz verde a un ataque a gran escala, usando aviación, artillería y tropas de asalto. Por todo el país, apuntando a aeropuertos, bases, depósitos de armas, pero también dejando bajas civiles, cerca de la frontera o a cientos de kilómetros de distancia, en la capital. En pocas horas, Occidente se movilizó, con muchísima más agilidad de lo habitual, manteniendo reuniones de urgencia de la OTAN, el Consejo Europeo y el G7 para coordinar una reacción inmediata.

El ataque cogió por sorpresa a la mayoría en el Viejo Continente. Tras el reconocimiento de independencia de Donetsk y Lugansk se asumía que Putin enviaría tropas con la excusa de «pacificar». Pero la invasión, con la opción incluso de intentar tomar Kiev en menos de 24 horas, no era lo esperado. Sí lo temido, pero no el escenario principal. De ahí la necesidad de reaccionar, de aplicar todo el paquete de castigo tras haber mostrado sólo una parte en la víspera. Y de ir preparando los planes de contingencia para lo que venga ahora, desde un conflicto enquistado a la posibilidad de que el Kremlin intente hacerse con el control total e imponer un Ejecutivo títere.

A las 20.00 arrancó en la capital belga la cumbre más tensa en décadas, un Consejo Europeo casi sin precedentes, con una amenaza a la seguridad sin precedentes, según sus participantes. Y con un un tono en las intervenciones también muy poco habitual. «Será una cumbre muy emocional», avisaban los diplomáticos durante la jornada. En menos de una hora, sin discusión, los 27 consensuaron un documento de conclusiones de 11 puntos, condenando el ataque, pidiendo la retirada inmediata y oficializando, políticamente, las sanciones. Y escucharon acto seguido una intervención del presidente ucraniano, Volodymyr Zelenksi, que se unió por teleconferencia para dar en tiempo real un análisis de la invasión y las perspectivas.

Ante una agresión de ese calibre las réplicas económicas, que pueden tardar semanas o meses en hacerse sentir, saben a poco, pero Europa es realista. La opción militar no está ni puede estar sobre la mesa, es impensable, así que hay que buscar opciones entre todo lo demás. Y aislar a la economía rusa, poco a poco, parece la opción más efectiva y segura. «No necesitamos sanciones que ladren, necesitamos sanciones que muerdan», apuntó el primer ministro belga, Alexander de Croo, a su llegada a la reunión.

Sin embargo, hay al menos tres problemas. El primero, el gas, pues los países europeos seguirán comprando mañana cantidades estratosféricas que llegarán a través de gasoductos ucranianos, a pesar de la invasión. Estamos comprando mucho gas ruso, mucho petróleo ruso, y Putin nos está quitando el dinero y lo está usando para la agresión. Tenemos que parar», instó el polaco Mateusz Morawiecki. Segundo, si castigar a Putin en persona (o al ministro de Exteriores Lavrov) algo que no se ve claro, porque según confirmó el holandés Mark Rutte haría más difícil cualquier iniciativa diplomática. Y tercero, si echar a Rusia del sistema SWIFT (un mecanismo usado por 11.000 bancos de todo el mundo para comunicar operaciones), algo que también repercutiría sobre las entidades europeas y sobre lo que no hay consenso, ni entre los 27 ni con Washington.

«Estas son unas de las horas más oscuras de Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Una gran potencia nuclear ha atacado a un país vecino y amenaza con represalias contra cualquier otro Estado que pueda acudir en su ayuda. La UE responderá en los términos más fuertes posibles con las sanciones más duras que nunca hayamos implementados», apuntó Bruselas por boca del alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell, recordando que Putin ha sido muy claro en sus amenazas a quien ose interponerse en su operación.

La UE no tiene ejército y la OTAN es una alianza defensiva, de la que Ucrania no forma parte. Así que no hay ni habrá tropas continentales sobre el terreno («las fuerzas de EEUU no van a entrar en Ucrania», repitió Joe Biden desde Washington) pero sí cerca. Y eso tiene muchos riesgos. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha convocado para el viernes una teleconferencia con los líderes de los 30 miembros, además de los presidentes de la Comisión y el Consejo Europeo y Suecia y Finlandia, que no son parte pero empieza a meditarlo seriamente. Y entre las consignas de solidaridad, unidad, firmeza y disuasión, está también la de precaución.

Putin ha hecho amenazas veladas a su poder nuclear y soldados de ambos bloques van a estar en alerta a pocos kilómetros de distancia, con peligro de errores, accidentes, fallos de cálculo, violaciones de espacio aéreo. Así que la UE prefiere concentrar sus esfuerzos en donde es fuerte, donde puede intentar «convertir a Putin en un paria internacional», en palabras de Biden. Con medidas contra las entidades financieras rusas, prohibiendo a los bancos europeos financiar a empresas y organismos públicos rusos (directa e indirectamente), impidiendo la exportación de alta tecnología (en especial la necesaria para refinar petróleo) y toda la que que tenga uso militar o aeroespacial, según explican fuentes comunitarias.

Reino Unido y EEUU van en la misma dirección. No hay consenso ahora entre todos en sacar a Rusia del sistema SWIFT (algo que se ha convertido en una especie de fetiche, pero que en casos como las sanciones a Irán fue secundario y menos efectivo que poner bancos en una lista negra), pero sí para cosas muy concretas. Entre las propuestas de la Comisión a los líderes de los 27, que discuten en persona y son aparatos electrónicos en la sala, impedir que ciudadanos rusos hagan depósitos relevantes en entidades con sede en la Unión, prohibir la venta de deuda pública a entidades rusas o sumar a Alfa Bank & Bank Otkritie a la lista de sanciones que ya entró en vigor el miércoles.

Hasta ahora la UE tenía ya a 555 individuos y 52 entidades en la lista de sanciones, tras la ocupación de Crimea en 2015 y la labor de desestabilización en el Donbás. A las que se suman los 351 diputados de la Duma que aprobaron el reconocimiento de las dos provincias y 27 individuos más, entre ellos el jefe de gabinete de Putin y su ministro de Defensa. «Estas sanciones cercenarán el crecimiento económico del país, aumentarán los costes de su deuda, aumentarán la inflación e intensificarán las salidas de capitales, erosionando gradualmente su base industrial«, ha asegurado la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, cuyo equipo ha hecho el trabajo técnico. «El segundo pilar principal de nuestras sanciones se concentrará en limitar el acceso de Rusia a tecnología crucial. Queremos aislar a la industria rusa de las tecnologías que hoy se necesitan desesperadamente para construir un futuro. Nuestras decisiones debilitarán la posición tecnológica del país en áreas clave en las que la élite obtiene la mayor parte de su dinero. Y esto va desde componentes de alta tecnología hasta software de última generación», ha añadido la alemana.

Los ministros de Exteriores de los 27 tienen previsto aprobar el viernes, en persona o por procedimiento escrito, las sanciones, una vez que los servicios jurídicos hayan pulido el texto legal. También en lo que afecta a los visados, suspendiendo la emisión para diplomáticos rusos. Y seguirán trabajando en el siguiente paso. En la llegada de decenas de miles de refugiados, pero también en la siguiendo ronda de castigos. «Las sanciones hacen daño, pero no milagros», repite estos días Borrell. «No hacen falta milagros, hace falta que tengamos la firmeza que no hemos tenido durante una década», responde una alta fuente. «No parará la invasión, pero puede evitar la próxima».

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