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  • Los resultados fueron obtenidos por el estudio “Prácticas de acompañamiento docente a distancia: características de su implementación desde un estudio de caso”, publicado recientemente en la serie Policy Briefs de CEPPE UC. Esta investigación fue desarrollada en conjunto con la Fundación Impulso Docente, a partir de encuestas aplicadas el 2020 a los egresados del Curso de Formación de Mentores.
  • Estimaciones proyectan que al 2025 existiría un déficit de 26.273 docentes idóneos en el país, situación que podría agudizarse durante los próximos años, de mantenerse las condiciones actuales.

Ante el actual contexto de educación híbrida que están viviendo miles de alumnos y profesores a lo largo del país, trayendo como resultado un vertiginoso y drástico cambio de las prácticas docentes así como nuevas demandas de aprendizaje propias de la sociedad actual, se dieron a conocer los resultados del estudio “Prácticas de acompañamiento docente a distancia: características de su implementación desde un estudio de caso”, desarrollado durante 2020 por CEPPE UC, en conjunto con la Fundación Impulso Docente. En esta investigación se aplicaron encuestas a los egresados del Curso de Formación de Mentores, programa que se ha desarrollado con el apoyo de Fundación Colunga.

Ello, tomando en cuenta que, además, durante los últimos años, la profesión docente ha sufrido una disminución sostenida en la oferta de profesores, especialmente en zonas alejadas de las grandes urbes del país: y donde las estimaciones proyectan que al 2025 existiría un déficit de 26.273 docentes idóneos en el país, situación que podría agudizarse durante los próximos años, de mantenerse las condiciones actuales.

“Ante este escenario, desarrollar estrategias para promover la atracción, retención y reinserción docente es fundamental”, explica Verónica Cabezas, Subdirectora de la Facultad de Educación UC, CEPPE UC, Pontificia Universidad Católica de Chile, quien participó en la elaboración de este estudio.  Y, es que entre los beneficios de contar con un mentor, se cuentan que aumenta el sentido de colegialidad entre docentes; el desarrollo y crecimiento profesional; reducen la sensación de aislamiento, renueva el entusiasmo por la docencia, consolida sus conocimientos, y promueve el sentido de autorrealización y el liderazgo. Mientras, por el lado de los establecimientos, aumenta la estabilidad organizacional, la calidad del cuerpo docente y el aprendizaje de los estudiantes.

Para analizar este escenario, el estudio “Prácticas de acompañamiento docente a distancia: características de su implementación desde un estudio de caso” -realizado en el 2020- aplicó encuestas a 90 mentores egresados, mayoritariamente mujeres (81%), con una edad promedio de 44 años, con poco más de 18 años de experiencia profesional y que se desempeñan principalmente como docentes (56%). En cuanto a las características de las escuelas donde ejercen los encuestados, más del 65% de ellos lo hacen en establecimientos educacionales particulares subvencionados; un 32% en establecimientos municipales y un 3% en particulares pagados. Además, destaca que casi el 93% de los encuestados trabaja en establecimientos de zonas urbanas.

Entre los principales resultados destacan que un 90% de los encuestados declaran que las mentorías son igual o más necesarias y/o útiles que antes de la crisis sanitaria, opinión que es relativamente transversal a los docentes independientes del cargo que ocupan.

En la misma medida, un 95% de los encuestados declara tener interés de seguir ejerciendo su rol como mentor en el futuro.

De igual forma, los resultados obtenidos sugieren “que es posible y necesaria la instalación de procesos de acompañamiento en los establecimientos del país, tanto para la mejora pedagógica y la inducción de profesores nóveles, como para el desarrollo continuo, la colaboración y el bienestar docente”, dio a conocer Verónica Cabezas.

Por otro lado, la encuesta reveló que un 60% de los encuestados colaboró con la planificación de clases, actividades y/o evaluaciones de otros docentes;  un 40% declaró realizarlo de manera semanal. En la misma medida, el 60% colaboró con otro docente en la planificación de actividades o evaluaciones; un 50%, en el mismo periodo de tiempo, retroalimentó actividades y evaluaciones, y un 40% retroalimentó o evaluó clases de un par.

En contraposición, actividades como el modelamiento de una clase o hacerla en conjunto con otro colega son menos frecuentes, con poco más del 20% que indica haberlas realizado en las y más de un 50% que no lo ha hecho nunca durante la pandemia.

“Un último punto relevante que se desprende de la encuesta se refiere al alto porcentaje de encuestados (70%) que ha orientado a un docente recientemente ingresado al establecimiento, dando cuenta de la relevancia que toma la inducción, sobre todo en un contexto educativo a distancia”, sostiene Natalia Casas, Coordinadora del Diplomado en Mentoría de la Fundación Impulso Docente.

Por último, los resultados muestran que la mayoría de estos procesos de mentoría, aun cuando son parte de una planificación, no cuentan ni con incentivos monetarios ni horarios exclusivos para su desarrollo. Así, solo un 8% de los encuestados y en solo uno de los casos entrevistados, se declaró contar con incentivos económicos asociados a los procesos de mentoría, mientras que un 43% de los encuestados declaró no tener un horario exclusivo para realizar estas prácticas, destacando que 2 de cada 3 encuestados que sí declararon tenerlo, consideraron que el tiempo era insuficiente.

“La formación de mentores a nivel nacional es un desafío, dado que la literatura muestra que no basta con ser un buen docente para ser un buen mentor. En este estudio se presenta un modelo de formación basada en la práctica en un formato semipresencial, el cual se plantea como una alternativa para responder a dicho desafío pudiendo generar, además, efectos positivos a nivel de docentes y establecimientos”, finaliza Pía Cubillos, Directora de Programas de la Fundación Impulso Docente.