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De las 67 mil personas que, en 2017, portaban el virus en el territorio nacional, una gran parte estaba situada en la región de Atacama, la cual para ese año ocupada el cuarto lugar con mayor tasa de notificaciones después de Arica – Parinacota, Tarapacá y Región Metropolitana, respectivamente, de acuerdo con los datos aportados por la Seremi de Salud.

De ese grupo de atacameños que había sido diagnosticado hace dos años, la población con más indicios era la de entre 20 y 45 años con un nivel de escolaridad de enseñanza media, de las cuales, uno de cada tres individuos, eran mujeres. Estas cifras no están actualizadas a la fecha, por lo que “al igual que en el resto del país, el número de notificaciones ha aumentado en los últimos años”.

El problema, además de las fallas en la prevención, es que la ciudadanía aún vive con el temor de someterse a la evaluación a través del Test Visual Rápido que permite detectar el virus en cuestión de unos pocos segundos y es por ello que, de una población de alrededor de 300 mil habitantes en Atacama, solo 1.075 se han hecho esta prueba durante este año.

De ellas, cuatro han resultado reactivos y confirmados positivos por el Instituto de Salud Pública (ISP) y, tomando en cuenta lo que informó el director regional del Servicio de Salud Pública, Claudio Baeza, ya reciben el tratamiento en el Hospital Regional San José del Carmen de Copiapó.

Esto también significa un aspecto caótico para este importante problema social, puesto que, si bien “hay una cobertura del 100 %”, la distribución de los medicamentos está centralizada en Copiapó, lo que obliga a los los pacientes de todo el territorio regional a trasladarse desde sus sitios de origen para evitar que de VIH pasen a Sida.

A pesar de esto, que en nada favorece a un pronóstico de erradicación del VIH/Sida en la población para el año 2030, como aspira ministro de Salud, Jaime Mañalich; Hermosilla aseguró que -al menos en Atacama- se trabajará con las mismas estrategias que hasta ahora, mediante el aumento del trabajo y la coordinación intersectorial.

Para ello se sumarán las agrupaciones de la sociedad civil organizadas, como la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (Lgbti), además de Instituciones de Educación Superior.

“Queremos que esta epidemia esté erradicada en Chile para el año 2030 y para eso tenemos que lograr que el primero de diciembre del año 2020 hayamos cumplido con el compromiso del 90-90-90 que tomamos como ministerio con Onusida”, concluyó.