La migración en Estados Unidos ha experimentado un giro radical desde el regreso de Donald Trump a la presidencia. Los cruces fronterizos, que durante el gobierno de Joe Biden alcanzaron niveles históricos con más de 4,5 millones de encuentros con migrantes en la frontera sur entre 2023 y 2024, se desplomaron drásticamente en el primer año del segundo mandato de Trump. La promesa de campaña de cerrar la frontera y aplicar deportaciones masivas se ha traducido en una serie de medidas que, según los datos oficiales, han transformado el panorama migratorio del país.
El fenómeno migratorio ha sido un eje central en el discurso de Trump desde que en 2015 anunciara su candidatura. Durante su primer mandato, sus ambiciones restrictivas se vieron limitadas por los tribunales, pero en el segundo encontró un camino más expedito gracias a una Corte Suprema más permisiva y a decenas de miles de millones de dólares adicionales aprobados por el Congreso para la aplicación de la ley. Este contexto institucional le permitió implementar una política de mano dura sin los frenos judiciales que antes lo contenían.
La estrategia detrás de la caída de los cruces fronterizos
Para lograr lo que Trump describe como la frontera «más segura» de la historia, su gobierno adoptó un enfoque agresivo y multifacético. Entre las medidas destacan la congelación efectiva de las solicitudes de asilo en la frontera, el fin de la práctica de «detener y liberar» a los migrantes, el despliegue de tropas en la zona y la presión sobre México para frenar el flujo de personas que se dirigen al norte. Estas acciones, combinadas, han reducido los encuentros fronterizos a mínimos históricos.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, defendió la política en un comunicado emitido el 16 de octubre: «El presidente Trump prometió al pueblo estadounidense una frontera segura, y los datos demuestran que cumplió su promesa». Sus declaraciones reflejan la postura oficial de la Casa Blanca, que considera el control migratorio como uno de sus principales logros de gobierno. La BBC, en un viaje a la ciudad fronteriza de El Paso, Texas, en noviembre de 2025, constató calles tranquilas donde antes había campamentos improvisados con miles de migrantes a la espera de trámites.
Impacto político y social en la antesala de las elecciones
La cuestión de quién debe tener permiso para vivir en Estados Unidos sigue siendo un tema candente que preocupa a los votantes de cara a las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, comicios que se perfilan como un referéndum sobre la presidencia de Trump. Si bien la promesa de cierre fronterizo y deportaciones masivas ha sido cumplida, incluso entre quienes apoyaron una política más dura existe la preocupación de que la represión haya ido demasiado lejos. El debate sobre el equilibrio entre seguridad y humanidad se mantiene vigente.
El cambio en las cifras migratorias no solo tiene implicancias internas en Estados Unidos, sino también en la relación con México y los países de origen de los migrantes. La reducción de los flujos hacia la frontera sur estadounidense podría alterar las dinámicas migratorias regionales y las políticas de cooperación entre las naciones involucradas. Para la comunidad chilena y latinoamericana, el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses representa un factor a considerar en los proyectos de vida de quienes buscan oportunidades en el país del norte.
Con las elecciones de mitad de mandato en el horizonte, el gobierno de Trump se aferra a los datos que muestran una frontera bajo control como su principal carta de presentación. Sin embargo, las críticas sobre posibles excesos en la aplicación de las leyes migratorias y el trato a los migrantes seguirán siendo un punto de fricción en el debate público. La evolución de esta política en los próximos meses será determinante para el futuro de la inmigración en Estados Unidos y para el posicionamiento de los votantes.









