El nuevo mapa político de América Latina y el giro a la derecha en la región han estrechado los lazos de Israel con varios países, en un momento en que el Estado hebreo enfrenta crecientes cuestionamientos internacionales por su ofensiva militar en Gaza. El restablecimiento de relaciones diplomáticas, la reapertura de embajadas y el nombramiento de embajadores son algunas de las señales de este acercamiento, que tiene en Chile uno de sus episodios más recientes: el presidente José Antonio Kast designó a un nuevo embajador en Israel, tras más de dos años sin un representante diplomático en ese país, revirtiendo así la política exterior de su antecesor, Gabriel Boric.
El fenómeno se enmarca en un contexto regional de cambios de gobierno que han llevado al poder a líderes de derecha, quienes han modificado el rumbo de sus relaciones con Israel. Colombia es un ejemplo paradigmático: en 2024, el entonces presidente Gustavo Petro rompió relaciones diplomáticas con Israel en rechazo a la ofensiva en Gaza y cerró la embajada en Tel Aviv. Sin embargo, en agosto de 2026, con la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia, no solo se restablecieron los vínculos, sino que se reabrió la embajada en Jerusalén, ciudad cuyo estatus es uno de los puntos más disputados del conflicto israelí-palestino. A ello se suman el restablecimiento de relaciones con Bolivia en noviembre de 2025, bajo el gobierno de Rodrigo Paz, y la reunión de la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, con el presidente israelí Isaac Herzog para impulsar un tratado de libre comercio.
El giro chileno y la apuesta por recuperar presencia diplomática
El caso chileno es particularmente sensible, ya que durante el gobierno de Gabriel Boric el país adoptó una postura crítica hacia Israel, respaldando las decisiones de Petro y del venezolano Nicolás Maduro. Con la llegada de Kast, la política exterior chilena experimenta un viraje que se concretó con la designación de un embajador en Israel, luego de más de dos años de ausencia de un representante diplomático de jerarquía en Tel Aviv. La medida busca recomponer un vínculo que había quedado deteriorado y se alinea con la estrategia israelí de buscar apoyos en América Latina.
Consultado por BBC Mundo, el doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown, Gonzalo Paz, sintetizó el nuevo escenario: «Las relaciones entre Israel y América Latina viven un momento de florecimiento». Esta percepción se sustenta en la coincidencia ideológica de varios gobiernos de la región con la agenda israelí, en contraste con la anterior ola de gobiernos progresistas que condenaron la ofensiva en Gaza. El acercamiento ocurre mientras Israel ha perdido apoyos en otros foros internacionales y enfrenta acusaciones de «genocidio» por su actuación en el enclave palestino.
Impacto regional y proyecciones de una relación en recomposición
El restablecimiento de lazos diplomáticos con Israel por parte de Chile, Colombia, Bolivia y Costa Rica tiene implicancias que trascienden lo simbólico. En el caso chileno, la reapertura de la embajada y el nombramiento de un embajador permitirán retomar la cooperación en materias comerciales, tecnológicas y de seguridad, además de facilitar la interlocución política en un contexto internacional complejo. Para la comunidad chilena, especialmente para las colectividades judía y árabe, el cambio de posición genera expectativas y también inquietudes, dado el conflicto en Medio Oriente.
El giro se produce en un escenario de guerra: el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 dejó 1.200 muertos y 251 rehenes en Israel, y la respuesta militar israelí ha causado más de 73.000 muertos en Gaza, según el Ministerio de Salud de ese territorio, cifras consideradas fiables por la ONU. A pesar de este contexto, América Latina se ha convertido en un terreno más receptivo para Israel. Con el nuevo mapa político, se espera que en los próximos meses se profundicen los acuerdos bilaterales y que otros países de la región sigan el mismo camino, consolidando una recomposición de las relaciones que podría redefinir el equilibrio diplomático en la región.









