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Narges Mohammadi, Nobel de la Paz 2023: “La sociedad iraní ya no tolera a la República Islámica”




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La activista iraní y Premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi, afirmó que “la sociedad iraní ya no tolera a la República Islámica”, en una entrevista concedida por videollamada desde Teherán al diario El País, en la que también presentó sus memorias escritas durante su estancia en prisión. Mohammadi, de 54 años, compareció desde una habitación verde en la capital iraní, donde una estatua de la Justicia presidía la escena como símbolo de su lucha. La activista se encuentra en libertad provisional tras una suspensión de su condena obtenida en mayo pasado, después de sufrir dos infartos en la cárcel. Sobre ella pesa una pena acumulada de al menos 18 años de prisión, según la fuente, aunque otras informaciones elevan el total a 44 años y 154 latigazos a lo largo de sus múltiples procesos judiciales.

La trayectoria de Mohammadi es un testimonio de resistencia frente a la represión estatal. Ha sido detenida en 14 ocasiones y juzgada en 10 procesos, acumulando condenas que suman 44 años de prisión y 154 latigazos, además de haber pasado 161 días en aislamiento. Su labor como defensora de los derechos humanos y de las mujeres en Irán le valió el reconocimiento internacional con el Nobel de la Paz en 2023. Sin embargo, el precio personal ha sido enorme: desde 2015 no abraza a sus mellizos Ali y Kiana, de 19 años, quienes viven exiliados junto a su padre en París. La publicación de su autobiografía, titulada Una mujer nunca deja de luchar: Mi lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos en Irán (Finestres Ensayos / Folch i Folch, en español y catalán), es un acto de denuncia que trasciende las fronteras iraníes.

La voz de Narges Mohammadi y la represión en Irán

En la entrevista, Mohammadi fue enfática al describir el hartazgo de la población iraní. “La sociedad iraní ya no tolera a la República Islámica”, declaró, subrayando el descontento generalizado que, a su juicio, se ha profundizado tras años de protestas y represión. La activista, que ha pagado un alto costo personal y familiar, sostiene que el régimen ha perdido legitimidad ante una ciudadanía que exige libertad y democracia. Sus memorias, escritas en la cárcel, son un testimonio directo de las condiciones inhumanas del sistema penitenciario iraní y de la determinación de las mujeres que, como ella, han alzado la voz contra el velo obligatorio y otras restricciones.

La situación de Mohammadi refleja la brutalidad de la respuesta estatal a la disidencia. Sus 14 detenciones y las condenas que suman décadas de cárcel y centenares de latigazos son una muestra de la persecución sistemática contra quienes defienden los derechos humanos. A pesar de ello, la activista continúa su labor desde la libertad condicional, consciente de que su condena sigue pendiente y de que podría volver a prisión en cualquier momento. La suspensión de su pena, obtenida por razones médicas, es una pausa frágil que no elimina la amenaza que se cierne sobre ella.

Proyecciones de una lucha que trasciende fronteras

La publicación de sus memorias en España y su testimonio ante medios internacionales buscan mantener la atención global sobre la represión en Irán. Mohammadi se ha convertido en un símbolo de la resistencia de las mujeres iraníes, cuyo movimiento ha sacudido los cimientos del régimen desde las protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. Su voz, amplificada por el Nobel, presiona a la comunidad internacional para que no ignore las violaciones de derechos humanos en el país. Organizaciones defensoras de derechos humanos han reiterado el llamado a la liberación definitiva de la activista y al cese de la persecución contra opositores.

El impacto de su mensaje resuena especialmente en un contexto global de retroceso democrático. La historia de Mohammadi, marcada por la separación de sus hijos y años de encarcelamiento, es un recordatorio de los costos humanos de la lucha por la libertad. Su autobiografía no solo documenta su vida, sino que también se erige como un llamado a la solidaridad internacional con el pueblo iraní. Mientras su condena sigue vigente, la activista continúa abogando por una Irán libre y democrática, desafiando a un régimen que, según sus palabras, ya no cuenta con el respaldo de la sociedad.