La electromovilidad minera en Chile alcanzó un hito histórico al superar los 10 millones de kilómetros recorridos con buses 100% eléctricos ensamblados y adaptados en el país, consolidando al sector como un laboratorio natural e industrial para validar esta tecnología en las condiciones más exigentes del planeta. La alianza entre la gran minería del cobre, la industria manufacturera local y empresas de transporte ha permitido que flotas de traslado de trabajadores operen en faenas de la zona norte y centro de Chile, enfrentando altitud extrema, caminos no pavimentados, pendientes pronunciadas y temperaturas severas, demostrando que la movilidad cero emisiones es plenamente viable en la alta cordillera y el desierto de Atacama.
Este proceso comenzó como pruebas piloto en rutas urbanas y se trasladó con fuerza a los yacimientos mineros, donde la industria metalmecánica nacional, en alianza con proveedores tecnológicos internacionales, ha diseñado chasis reforzados, sistemas de suspensión de alto tráfico y paquetes de baterías con climatización avanzada especialmente ajustados a las necesidades operativas de las faenas chilenas. El reemplazo gradual de buses diésel por unidades eléctricas no solo ha evitado la emisión de miles de toneladas de dióxido de carbono y material particulado, sino que ha generado una reducción sustancial en los costos de mantenimiento y energía para las empresas contratistas de transporte, marcando un precedente para la descarbonización de toda la cadena del cobre.
Electromovilidad minera en Chile: un modelo validado en faenas de alta exigencia
Al evaluar el rendimiento de la flota y el impacto ambiental, ejecutivos del sector destacaron el éxito del modelo. Karl Kühr, vicepresidente de Soluciones de Movilidad de Reborn Electric Motors, afirmó que «Chile está demostrando al mundo que la electromovilidad es plenamente viable en las condiciones más complejas del planeta. Superar los 10 millones de kilómetros recorridos en faenas mineras con buses probados y adaptados en el país confirma que la transición energética no es solo importar tecnología, sino generar capacidades industriales locales y descarbonizar toda la cadena del cobre». Sus declaraciones subrayan el valor estratégico de desarrollar capacidades propias en un sector históricamente dependiente de tecnología importada.
Además del impacto ambiental y económico, la introducción de transporte eléctrico en faenas mineras ha mejorado la experiencia de traslado de miles de trabajadores. La ausencia de ruido de motor y la insonorización de las cabinas reducen la fatiga en trayectos largos, mientras que los sistemas de telemetría en tiempo real permiten monitorear el estado de carga de las baterías y la conducción eficiente. Este conjunto de beneficios operacionales y humanos refuerza la adopción de la electromovilidad minera en Chile como un estándar de calidad para la industria.
Proyecciones: exportar soluciones de transporte limpio desde la minería chilena
Representantes de organismos de fomento y gremios mineros recalcaron el potencial exportador de esta experiencia operacional. La ministra de Minería, Aurora Williams, señaló que «convertir a la minería en un banco de pruebas para la electromovilidad posiciona a Chile como un referente global en innovación sustentable. Las lecciones aprendidas en nuestras faenas sobre el comportamiento de baterías y componentes en altura nos entregan una ventaja competitiva única para exportar soluciones de transporte limpio a otros mercados mineros de la región». Con estas palabras, la autoridad proyecta que el conocimiento adquirido en los yacimientos nacionales podría traducirse en nuevos negocios tecnológicos y servicios para la industria minera latinoamericana.
Con este avance, la minería chilena refuerza su compromiso con la producción de un «cobre verde» sostenible en todas sus etapas, uniendo la extracción limpia con la movilidad cero emisiones. El hito de los 10 millones de kilómetros no solo consolida a Chile como laboratorio de electromovilidad, sino que establece las bases para una nueva etapa de desarrollo industrial, donde la innovación local y la descarbonización se convierten en pilares de la competitividad minera. Se espera que nuevas flotas eléctricas se incorporen progresivamente en las faenas, ampliando la cobertura y profundizando la reducción de emisiones en el transporte de trabajadores.






