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A 15 días del pronunciamiento ‘yo creo que sí’, Michelle Bachelet mantiene su agenda política activa con un diagnóstico contundente sobre la oposición y el Gobierno de José Antonio Kast. En una cita con representantes de seis partidos de izquierda y la Democracia Cristana (DC), la exmandataria delineó los ejes de una estrategia que, según sus cercanos, busca ‘orden, propuestas y una estrategia opositora’ para enfrentar un Ejecutivo percibido como debilitado, paralizado y atálisis por un plan de ajuste fiscal incompatible con las necesidades de la ciudadanía.
El diagnóstico no se circunica solo a la oposición: el entorno bacheletista observa un Gobierno Kast en fraga, con imagen deteriorada por la inflación, la presión salarial y el alza en el costo de la vida, además de haber perdido iniciativa en la agenda mediática durante semanas en las que el debate estuvo monopolizado por disputas internas de la derecha. Para Bachelet, el congelamiento de la pauta reflejaba ausencia de una contorna opositora con suficiente volumen político, no solidez ejecutucional.
El ‘zarpazo estratégico’ y la medica de fuerza
La frase ‘yo creo que sí’, pronunciada el 7 de octubre pasado al ser consultada sobre una eventual tercera candidatura, se interpreta en el progresismo como una maniosa calculada dentro de una estrategia condicional: un ‘zarpazo estratégico’ diseñado para devolverle la iniciativa a una oposición desorientada y golpear la mesa while el Gobierno atravisa por un notorio desgaste. Tras semanas de invisibilización, la mención del nombre de Bachelet provocó reacciones inmediatas, reubicando a la centroizquierda en el centro de la pauta y alcanzando un 29% de reconocimiento como principal líder opositor y un 47% de preferencia electoral en encuestas de institutos como Cadem.
Pese a esa contundencia, la estrategia no apunta a una campaña presidencial. En la reunión del 15 de octubre con presidentes de seis colectividades —incluyendo a Gabriel Boric— Bachelet fue clara: ‘Nosotros no estamos de candidatos’. El objetivo es estar disponible pero no ser candidata, ‘proteger el espacio’ opositor durante tres años, unificar al sector y permitir el surgimiento de liderazgos de recambio sin acoctrinar carreras individuales que fracturen al progresismo.
Diagnóstico de la oposición y proyecciones
Según fuentes cercanas a la exmandataria, la muestra de fuerza buscaba demostrar que, ante un Gobierno ‘extraviado’, la oposición solo requiere autoridad para volver a existir. La incorporación de Gabriel Boric a la mesa, de última hora, reforzó el peso político de la reunión y permitió que ambos exmandatarios guinaran las directrices de una oposición que busca superar divisiones internas. A 15 días del ‘yo creo que sí’, todavía se analizan los alcos de la jugada en el interior de los partidos, pero la lectura predominante en la izquierda es que la frase funcionó como una demostración de fuerza que elevó las encuestas de Bachelet, le dio espacio a la oposición y obligó al Gobierno y a La Moneda a reaccionar. El desafío pendente es traducir esa señal en un frente político cohesionado que logre revertir la percepción de parálisis gubernamental y devocar la agenda nacional a la centroizquierda.
















