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Debate por acusación contra Rabat abre discusión sobre responsabilidad de magistrados

0:00 / --:-- Locución HD

La acusación constitucional Rabat se ha convertido en el centro de un debate que trasciende la situación del ministro de Justicia, Fernando Rabat, y que ya circula con preocupación en los pasillos de las cortes de Apelaciones y de la Corte Suprema. Según antecedentes conocidos en los últimos días, la oposición prepara una acusación contra el secretario de Estado por los decretos que concedieron rebajas de condena, y en minutas internas aparecen nombres de ministros de cortes de Apelaciones y de la Suprema que participaron en comisiones o en decisiones vinculadas con esos beneficios. Por ahora, sectores políticos no han confirmado acciones formales contra magistrados, pero la hipótesis de una eventual ampliación del conflicto ha generado inquietud en sectores de izquierda y expectativas en parte de la derecha.

El trasfondo de la controversia se relaciona con la revisión de los procedimientos mediante los cuales se otorgaron reducciones de condena y con la responsabilidad administrativa del Ministerio de Justicia en la dictación de los decretos correspondientes. En el debate parlamentario, la oposición ha delineado fundamentos que consideran una eventual infracción o inejecución de la ley, cuestionamientos vinculados con obligaciones internacionales y una posible falta a la probidad por la información entregada al Congreso. Para abogados que siguen de cerca las conversaciones, el punto sensible es que parte de esa discusión podría ser recogida por sectores interesados en revisar actuaciones judiciales vinculadas con las rebajas de condena, desplazando el eje desde la decisión administrativa hacia la actuación de quienes integraron comisiones o suscribieron resoluciones.

Acusación constitucional Rabat y el debate sobre los magistrados

Entre abogados que conocen las tratativas circula una advertencia compartida desde posiciones políticas distintas. En sectores cercanos a la izquierda preocupa que la ofensiva contra Rabat termine proporcionando argumentos para una respuesta dirigida contra magistrados reconocidos por sensibilidades más progresistas o cercanas a ciertos sectores de la antigua Concertación. En parte de la derecha, en cambio, se observa la posibilidad de ampliar el examen de responsabilidades y llevar la discusión hacia quienes intervinieron en otras etapas del procedimiento, mencionándose incluso nombres como Jorge Zepeda o Leopoldo Llanos. Declaraciones recientes de sectores como republicanos o libertarios que apuntan a la evaluación de presentar acusaciones contra jueces han alimentado el análisis, aunque sin confirmación oficial de acciones concretas.

Más allá de las lecturas políticas, los especialistas consultados advierten que la eventual traducción jurídica de esa hipótesis está lejos de ser automática. Las causales para acusar a un ministro de Estado y a un magistrado son diferentes: en el caso de los integrantes de los tribunales superiores de justicia, la Constitución contempla el notable abandono de deberes, por lo que los fundamentos de una acusación contra Rabat no pueden trasladarse sin más a una acción contra jueces. A ello se suma una distinción central para el debate: si los magistrados actuaron en ejercicio de funciones jurisdiccionales, es decir, dentro de sus funciones plenas como juez de la República, o lo hicieron en calidad administrativa. Este punto resulta relevante porque en el ámbito administrativo sí podría tener un rol activo la Contraloría General de la República.

Proyecciones y próximos pasos en el Congreso

Participar en una comisión, suscribir una resolución o sostener una determinada interpretación legal no demuestra, por sí solo, una responsabilidad constitucional, dependiendo de cómo se interprete el punto. En la discusión parlamentaria sobre acusaciones a magistrados se ha advertido precisamente sobre el riesgo de convertir este mecanismo en una revisión política del contenido de los fallos. Por ello, antes de cualquier definición, corresponde esclarecer el carácter de la intervención de cada magistrado y separar el análisis de la responsabilidad administrativa del Ministerio de Justicia del examen de las decisiones jurisdiccionales, materias que responden a lógicas jurídicas distintas.

El punto de encuentro entre ambas lecturas es el precedente que podría instalarse con la acusación constitucional contra Fernando Rabat. Si el Congreso avanza en la revisión de los decretos de rebajas de condena, la discusión podría extenderse a la actuación de integrantes de las cortes de Apelaciones y, eventualmente, de la Corte Suprema, abriendo una nueva etapa de enfrentamiento entre el Poder Legislativo y los tribunales. Hasta ahora, sin embargo, se trata de un escenario que se comenta y analiza en círculos jurídicos y políticos, sin confirmación de presentaciones formales contra magistrados.

En los próximos días se espera que la oposición precise los fundamentos de la acusación contra el ministro de Justicia y que el Ejecutivo y los sectores parlamentarios definan sus estrategias de defensa y votación. Mientras tanto, la advertencia de los abogados se mantiene: cualquier intento de trasladar los argumentos contra Rabat a los jueces deberá superar el filtro constitucional del notable abandono de deberes y la distinción entre funciones jurisdiccionales y administrativas. La definición de ese criterio será decisiva para determinar si el conflicto se mantiene acotado al Ministerio de Justicia o si se transforma en una revisión más amplia del funcionamiento de los tribunales superiores de justicia en Chile.