Francesca Machiavello Narváez
Académica Administración en Ecoturismo
Universidad Andrés Bello
Compartimos nuestro territorio con una enorme diversidad de especies, aunque muchas veces sabemos muy poco de ellas. Algunas están presentes incluso en los espacios que recorremos diariamente, sin que necesariamente las reconozcamos o sepamos cuál es su importancia.
Cada primer sábado de noviembre se conmemora el Día de la Fauna Chilena, una iniciativa que nació en 2014 impulsada por Roots & Shoots Chile, programa educativo del Instituto Jane Goodall, con el propósito de acercar a las personas a nuestra fauna nativa y generar conciencia sobre su conservación. Años después, el Ministerio del Medio Ambiente resumiría muy bien el espíritu de esta fecha en una sencilla idea, la de conocer para querer y proteger.
Cuando pensamos en fauna silvestre, es fácil imaginar lugares lejanos, parques nacionales o especies emblemáticas. Sin embargo, nuestra fauna también habita bosques, humedales, costas, ríos y quebradas. Incluso dentro y alrededor de nuestras ciudades convivimos con numerosas especies, aunque muchas veces apenas reparemos en ellas.
Chile posee una biodiversidad particular, estrechamente relacionada con su geografía. Grandes barreras naturales como el océano Pacífico, la cordillera de los Andes y el desierto de Atacama han hecho que nuestro territorio funcione, en cierta medida, como una isla biogeográfica. Este aislamiento limitó durante miles de años el intercambio de especies, pero también permitió que muchas evolucionaran de manera particular.
Según el Ministerio del Medio Ambiente, en Chile se conocen alrededor de 31.000 especies, considerando plantas, animales, hongos, algas y bacterias, y aproximadamente un 25 % son endémicas, es decir, existen naturalmente en Chile y en ningún otro lugar del mundo. Esta singularidad hace que su conservación trascienda nuestras fronteras, cuando una especie endémica desaparece de nuestro territorio, desaparece también del planeta.
Pero conservar la fauna no podemos limitarnos únicamente a proteger animales. Cada especie necesita un territorio donde alimentarse, reproducirse y refugiarse. Su conservación está, por lo tanto, necesariamente vinculada a la protección de los espacios que necesita para vivir.
A lo largo de Chile, humedales, bosques nativos, ríos, quebradas, zonas costeras y ambientes cordilleranos albergan una enorme diversidad de fauna. Al mismo tiempo, estos espacios enfrentan presiones asociadas a la expansión urbana, los cambios de uso de suelo, los incendios, la contaminación y otras transformaciones del territorio.
A estas presiones se suman los cambios en las condiciones ambientales. Este año hemos observado lluvias intensas, inundaciones y períodos de altas temperaturas que pueden alterar la disponibilidad de agua y alimento, los lugares de refugio y los ciclos de reproducción de algunas especies. Frente a escenarios climáticos cada vez más variables, mantener ecosistemas sanos y conectados adquiere mayor relevancia. Los humedales urbanos y periurbanos, así como los bosques, quebradas y riberas que permanecen entre áreas urbanizadas, cumplen un papel fundamental al proporcionar refugio, alimentación y espacios de reproducción, además de facilitar el desplazamiento de la fauna.
Por eso, conservar nuestra fauna implica preguntarnos cómo estamos ocupando y modificando el territorio. Proteger un humedal no significa solamente conservar el agua o el paisaje, sino también proteger hábitats. Lo mismo ocurre con un bosque nativo, una quebrada, un río o un ecosistema costero.
El Día de la Fauna Chilena puede ser mucho más que una fecha para recordar nuestras especies emblemáticas. Puede ser una invitación a mirar con mayor atención aquello que tenemos cerca, reconocer las especies con las que convivimos y comprender que también forman parte del territorio que habitamos.
Porque aquella idea que dio origen a esta celebración sigue plenamente vigente: para proteger nuestra fauna, primero tenemos que aprender a conocerla.









